Diez mil euros parados en una cuenta corriente al 0% compran hoy lo mismo que 9.533 euros hace un año. Son 470 euros de poder adquisitivo evaporados sin tocar el dinero. Es el coste real de la inflación de septiembre en España, que ha subido al 4,9% interanual, seis décimas por encima del 4,3% de agosto y en su nivel más alto desde febrero de 2023.
El dato adelantado del INE, publicado esta semana, dibuja un panorama incómodo para los hogares españoles. La inflación subyacente —la que deja fuera energía y alimentos frescos por su volatilidad— ha subido al 3,1%, desde el 2,9% de agosto. El índice armonizado con Europa (IPCA) alcanza el 5,0%. Los precios no frenan, y la cesta de la compra lo refleja cada semana en el supermercado.
Los carburantes empujan, pero no son los únicos culpables
El INE atribuye el repunte sobre todo a los combustibles para vehículos. Los precios de la gasolina y el gasóleo suben en septiembre de 2026 mientras que hace un año bajaban, lo que genera un efecto base que dispara la tasa interanual. En agosto, los carburantes se encarecían un 21,3% respecto al año anterior, con el gasóleo subiendo un 30,3% en plena crisis energética por la guerra de Irán.
Pero la energía no lo explica todo. La subyacente en el 3,1% indica que la presión inflacionista se ha extendido a los servicios, que en agosto crecían al 3,9%. Los paquetes turísticos también pesan: se abaratan menos que hace un año. Y la retirada gradual de las ayudas fiscales a los carburantes —del IVA reducido al 10% al descuento de 15 céntimos por litro, y de ahí a los 5 céntimos de septiembre— aflora en el surtidor y, por tanto, en el IPC.
España, la inflación más alta de las grandes economías del euro
El diferencial con Europa se ensancha. La inflación armonizada española se situó en el 5,0% en septiembre, frente al 3,8% de la media de la eurozona, según Eurostat. Es la tasa más alta entre las grandes economías: Francia marca el 3,4%, Alemania el 3,3% e Italia el 4,1%. El diferencial desfavorable de España respecto a la eurozona alcanza los 1,2 puntos porcentuales.
Esa presión inflacionista es la que llevó al Banco Central Europeo a subir los tipos de interés el 10 de septiembre, hasta dejar la facilidad de depósito en el 2,50%. Fue la segunda subida del año. Christine Lagarde advirtió de que «la inflación se mantendrá muy por encima del objetivo durante un período prolongado», y el BCE no espera alcanzar su objetivo del 2% hasta finales de 2027.
Qué significa para tu bolsillo y tus ahorros
El cálculo es directo. Si los precios siguen subiendo al ritmo actual durante un año, cada 10.000 euros que tengas en una cuenta al 0% perderán unos 470 euros de poder adquisitivo. Y si los tienes en una cuenta remunerada al 2,5%, la rentabilidad real sigue siendo negativa: el dinero crece, pero compra menos.
“Con el IPC en el 4,9%, ningún producto sin riesgo cubre hoy esa pérdida. Las mejores cuentas remuneradas llegan como mucho al 3,51% TAE.”
Funcas prevé una inflación media del 3,6% para el conjunto de 2026 y del 2,9% en 2027, dando por hecho que la tensión en Oriente Próximo no escala y que la rebaja fiscal de 20 céntimos por litro se mantiene hasta enero. Pero son proyecciones, y el IPC de octubre —que se conocerá a mediados de noviembre— dirá si la tendencia se frena o se acelera.
El Euríbor, otro golpe para las hipotecas variables
La inflación no solo castiga el ahorro: encarece la deuda. El euríbor a 12 meses cerró septiembre en el 3,247%, la media mensual más alta desde julio de 2024. Para una hipoteca variable media de 180.785 euros a 30 años con un diferencial del 0,608%, la revisión de octubre supone pagar 107 euros más al mes, unos 1.285 euros adicionales al año.
La banca ya anticipa que los tipos se mantendrán en el entorno del 3% o por encima durante todo 2027. Los consejeros delegados de Santander, CaixaBank y Sabadell coincidieron en esa previsión el pasado 1 de octubre. Para los hipotecados con revisión anual, el mensaje es claro: no hay alivio a la vista a corto plazo.

