Mónica González contrató su primera tarjeta revolving en el pasillo de un centro comercial. La segunda, mientras compraba ropa. Veinte años después sigue litigando por la segunda. En el camino soportó más de 50 llamadas diarias de cobradores y ganó una sentencia que le devolvió 22.000 euros. Su historia no es un caso aislado: es el retrato de un producto que, mientras el Congreso debate si ponerle un tope legal, sigue vendiéndose con tipos de hasta el 23,85% TAE.
Cómo funciona la deuda que no baja nunca
El mecanismo de las tarjetas revolving es sencillo en apariencia, pero letal si no se comprende bien. El cliente elige una cuota mensual. Si es baja, la mayor parte del pago se destina a intereses y el capital apenas se reduce. Si además se sigue usando la tarjeta, la deuda crece. Con 1.000 euros al 20% nominal y una cuota de 100 euros al mes, el préstamo puede extenderse durante años antes de quedar saldado.
En 2025, el Tribunal Supremo reforzó su doctrina de transparencia: no basta con que el banco informe del porcentaje; el cliente debe comprender cómo se perpetúa la deuda. Es un paso adelante respecto a la sentencia de 2023, pero no elimina el producto ni fija un precio máximo legalmente vinculante.
CaixaBank, Carrefour y WiZink: lo que cobran ahora mismo
Sin un límite legal vigente, las entidades siguen publicando sus propias tarifas. Los datos actuales muestran que tres de los actores principales se sitúan por encima del 22% TAE que figuraría en el futuro tope transitorio:
- CaixaBank: 22,42% TAE. Financiar 1.500 euros en 48 meses supone devolver 2.206 euros.
- Carrefour: 23,13% TAE. La misma operación eleva la devolución a 2.210 euros.
- WiZink: 23,85% TAE. La devolución asciende a 2.252 euros.
Unicaja anuncia una TAE del 19%, por debajo del umbral, pero su comisión de mantenimiento anual de 44 euros puede elevar el coste efectivo hasta el 27% dependiendo del uso. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha valorado positivamente que se establezca un límite, aunque advierte de que el 22% transitorio “queda cerca de lo que ya cobra el mercado”.
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El escudo actual: el Tribunal Supremo
Hasta que entre en vigor el nuevo marco legal, el único árbitro es la jurisprudencia. El Tribunal Supremo estableció en 2023 que un interés revolving se considera usurario cuando supera en más de seis puntos porcentuales el tipo medio de mercado publicado por el Banco de España. Con el tipo medio actual en torno al 18%, el umbral de usura ronda el 24%. Los tipos que aplican CaixaBank, Carrefour y WiZink quedan, en sentido estricto, por debajo de esa línea, aunque WiZink lo roza con su 23,85%.
El problema es que el test de usura no es automático: el consumidor tiene que demandar para activarlo. La futura Autoridad de Defensa del Cliente Financiero —ventanilla única gratuita con resoluciones vinculantes para reclamaciones inferiores a 20.000 euros— pretende aliviar esa saturación judicial, pero tampoco está todavía operativa.
Noviembre de 2026: la cuenta atrás de la directiva europea
La Unión Europea fijó noviembre de 2025 como plazo para que los estados miembros publicasen la transposición de la directiva de crédito al consumo. España lo incumplió. La nueva fecha crítica es el 20 de noviembre de 2026: a partir de entonces, las medidas deben estar aplicadas. El Gobierno aprobó el anteproyecto en enero, pero el texto aún recaba informes y debe pasar por el Consejo de Estado.
Tope transitorio: El anteproyecto fija una TAE máxima del 22% para tarjetas revolving mientras se desarrolla el sistema definitivo. El ministro Carlos Cuerpo calculó que uno de cada cuatro préstamos revolving tendría que abaratarse si esta cifra entrara en vigor hoy.
“Las entidades deberán asegurarse de que el cliente pueda cumplir con el resto de sus obligaciones sin renunciar a una vida digna.” — Gloria Hernández, socia de finReg360, sobre los requisitos del crédito responsable.
Mientras el reloj corre, los consumidores que ahora mismo tienen una tarjeta revolving con tipos por encima del 22% siguen pagando una factura que la ley pronto podría prohibir. La historia de Mónica González apunta a ello: aprendió, tarde, que la vergüenza de endeudarse no era suya. La víctima era ella.

