Lo que antes costaba 100 euros hoy cuesta 137. No es un producto concreto, ni una oferta puntual del supermercado de la esquina. Es la suma de cinco años de subidas acumuladas en la cesta de la compra española, donde los alimentos, las bebidas y el tabaco son ahora un 37% más caros que en 2021, según los datos del Índice de Precios al Consumo (IPC) publicados por el Instituto Nacional de Estadística.
La cifra duplica con creces el encarecimiento general de la vida, que en el mismo periodo se quedó en el 24,2%. Y si se mira una década completa, la brecha se amplía todavía más: los alimentos acumulan un 43% de subida desde 2016, frente al 33% del IPC general. En el bolsillo de una familia media, la diferencia se traduce en cientos de euros adicionales cada año dedicados exclusivamente a comer.
Los frescos lideran la escalada de precios
Dentro de la cesta alimentaria, no todos los productos han subido al mismo ritmo. Los alimentos sin elaborar —fruta, carne fresca, pescado— acumulan un 37,6% de subida en cinco años y un 52,8% respecto a 2016. Son precisamente los que más pesan en la alimentación diaria y los más difíciles de sustituir por marcas blancas o alternativas más baratas.
El IPC adelantado de septiembre refleja que la cesta de la compra subió un 2,7% interanual, con un repunte mensual del 0,3%. En los alimentos no elaborados, el alza anual alcanzó el 5,8%. Pero el coste de la vida general escaló aún más: un 4,9% interanual, el mayor incremento desde febrero de 2023, impulsado por los carburantes y la energía.
Dato OCU: La cesta analizada por la Organización de Consumidores y Usuarios cuesta ya 6.602 euros al año de media. Los frescos acumulan un 44% de subida en cinco años, con un 8,6% en pescado, 3,7% en carne y 3,5% en frutas y verduras solo en el último ejercicio.
El impacto en el supermercado: hasta 1.310 euros de diferencia
La OCU comparó precios en los principales supermercados españoles y el resultado es contundente: la diferencia entre el establecimiento más caro y el más barato para la misma cesta de 244 productos alcanza los 1.310 euros anuales. Es decir, casi una quinta parte del gasto de referencia se puede ahorrar simplemente eligiendo dónde comprar.
Los alimentos frescos son los que más han encarecido. El pescado cuesta un 8,6% más que hace un año, la carne un 3,7% y las frutas y verduras un 3,5%. La merluza, una de las especies más consumidas, ha pasado de 12,6 euros por kilo en marzo a 16,2 euros en octubre, un incremento del 28% en apenas siete meses, según los datos recopilados por RTVE.
Los carburantes completan el panorama: la gasolina es un 26% más cara que hace un año y el diésel un 37%, lo que encarece tanto el repostaje directo como el transporte de mercancías y, por extensión, el precio final de los productos en el lineal del supermercado.
La inflación subyacente alerta sobre la tendencia
La inflación subyacente —la que excluye energía y alimentos frescos por ser los elementos más volátiles— se situó en septiembre en el 3,1%. Esto significa que el encarecimiento no es coyuntural ni depende exclusivamente del petróleo: se ha instalado en el núcleo de los precios y afecta a productos elaborados, servicios y alquileres.
«La inflación subyacente se ha instalado en el 3,1%. No es un pico energético pasajero: es una tendencia que erosiona el poder de compra mes a mes.»
El Banco Central Europeo subió los tipos de interés en septiembre hasta el 2,5% en su facilidad de depósito, y los mercados descuentan una nueva subida de 25 puntos básicos antes de que termine el año. La inflación armonizada de España se situó en el 5%, la más alta entre las grandes economías de la eurozona, por encima del 3,8% de la media.
Qué pueden hacer los consumidores
Ante una cesta que no para de encarecerse, las estrategias de ahorro pasan por comparar precios entre supermercados —la OCU estima diferencias de hasta 1.310 euros al año—, aprovechar ofertas y productos de temporada, y reducir el desperdicio alimentario. También conviene revisar las guías de finanzas personales para optimizar el presupuesto doméstico.
La clave está en entender que no se trata de un producto que sube, sino de un cambio estructural en el coste de alimentarse en España. Lo que antes costaba 100 euros hoy cuesta 137, y las perspectivas no apuntan a una corrección rápida. Con una inflación que supera el 4,9% y tipos de interés en máximos de dos años, el bolsillo de los consumidores seguirá bajo presión durante los próximos meses.

